El Fondo Fiduciario Pérez-Guerrero para la Cooperación Sur-Sur fue establecido en 1983 por la Asamblea General de las Naciones Unidas como mecanismo para apoyar la cooperación económica y técnica entre los países en desarrollo. El apoyo financiero catalizador del Fondo está dirigido a proyectos de tres o más países en desarrollo y a actividades que fortalecen la cooperación regional y ofrecen beneficios comunes a través de las fronteras.

Se da financiación preferentemente a proyectos que tienen el mayor impacto y área de cobertura, y que se ocupan de regiones prioritarias del Programa de Acción sobre Cooperación Económica entre los Países en Desarrollo de Caracas y el Programa de Acción sobre la Cooperación Técnica entre los Países en Desarrollo de La Habana. Todos los proyectos son bajo demanda, reflejan las prioridades de los países asociados y atienden los asuntos de fundamental importancia para los miembros del G-77.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur es quien administra el Fondo Fiduciario Pérez Guerrero y, después de la aprobación por parte del G-77, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo canaliza y ayuda a implementar los recursos de dicho Fondo a través de proyectos en todo el mundo.

El Fondo Fiduciario Pérez Guerrero ha utilizado los intereses de su capital de $7 millones, además de las contribuciones anuales voluntarias de los Estados Miembros (47 hasta la fecha) para financiar 244 proyectos colaborativos entre los países en desarrollo miembros del G-77. Hasta la fecha, el Fondo ha respaldado proyectos por un total de $13,2 millones beneficiando a un total de 141 países. Sus amplias actividades han cubierto temas como los alimentos y la agricultura o la salud y el comercio.

El Fondo Fiduciario Pérez Guerrero contribuye unos $35.000 por proyecto para iniciativas con contribuciones equivalentes o superiores de las instituciones que las solicitan. Las colaboraciones Sur-Sur financiadas son sobre todo implementadas por instituciones nacionales y se centran en los estudios conjuntos, talleres, publicaciones, creación de estándares comunes y actividades educacionales. Estos proyectos han sido un catalizador para intensificar las relaciones entre las instituciones del Sur y permitir compartir los conocimientos entre los países en desarrollo.